sábado, 18 de julio de 2015

La otra cara del verano

Estamos en julio, época de las playas, las piscinas, el sol, las vacaciones, las fiestas...y muchas actividades más; no obstante, en otras partes del mundo, muchas personas están viviendo una época de terror y de horror, de pérdidas y de lágrimas, causadas todas ellas por un mismo motivo: el terrorismo islámico o, dicho de otra manera, el yihadismo.

El yihadismo lo componen una serie de grupos que llevan al extremo el islam, de manera que cometen atentados en nombre de alá, puesto que su único objetivo es extender la fe "verdadera" en el mundo y exterminar todo lo que sea contrario a ello, aunque, yo me pregunto ¿Es así como hay que extender una fe, a la fuerza? ¿Es necesario matar? ¿Por qué hay que imponer una creencia, por qué no dejar que cada uno crea en lo que considere justo, verdadero o correcto?

Es cierto que en la Edad Media el cristianismo utilizó el mismo método en las denominadas cruzadas, pero el mundo ha evolucionado, la sociedad ha progresado y por ello ha sabido entender que es una religión: la fe unicamente es amor, tolerancia y comunidad. En cualquier tipo de creencia hay una comunidad en la que se acepta y se quiete por igual a todos los habitantes del mundo. Nadie te obliga a profesar dicha fe, tú decides seguir su creencia y tanto como si decides seguirla como si no serás igual de respetado y amado por los creyentes. El arma no es una ametralladora o una bomba, es nada más y nada menos que el amor.


Yo no conozco el islam en profundidad, pero estoy absolutamente segura de que lo que transmite es amor por los demás, no violencia. Esos radicales lo único que hacen es manipular esa religión para llevar a África (los atentados de Túnez, de Egipto...), a oriente (el atentado en Irak, por ejemplo) e incluso a Europa (los atentados de Francia y de Dinamarca) la destrucción y el sufrimiento de muchas familias que se ven obligadas a huir de sus paises a través de las mafias, es decir, en unas condiciones absolutamente lamentables de las que muchos no logran salir con vida.

En mi opinión, no es un problema que afecta solo a una parte del mundo, sino que todos y cada uno de los habitantes del planeta tierra estamos amenazados por este problema, por lo que deberíamos intentar zanjarlo, combatirlo, transmitiendo la verdadera arma de una fe: el amor, una fuerza más grande incluso que la de un misil, una bala o una bomba.